Archivo mensualnoviembre 2017

empatía, pensamiento emocional

Educar con empatía y firmeza

Carmen García de Leaniz, responsable de Pensamiento Emocional de los Colegios Zola

Durante los meses de noviembre y diciembre queremos desarrollar la empatía y la solidaridad en nuestros alumnos/as. Nuestro ejemplo como docentes es el punto de partida para desarrollar esta competencia social en el aula.

No siempre es sencillo demostrar empatía cuando educamos, especialmente cuando vemos conductas disruptivas que dañan a otras personas o a nosotros mismos.

Sin embargo, nos puede ser útil recordar que, detrás de una mala conducta, con frecuencia, hay una emoción y una necesidad emocional que necesita ser atendida.

Cuando un alumno/a está teniendo conflictos reiteradamente con sus compañeros (o profesores) y pierde la calma, insultando, pegando o faltando al respeto a los demás, nuestra empatía al hablar con él/ella puede ser una gran aliada para lograr conectar, descubrir la raíz del problema, ayudarle a tomar perspectiva  dándose cuenta de las consecuencias de sus actos, e influir en sus valores, objetivos y conductas.

Es sin duda un reto que conlleva esfuerzo y tiempo (el cual no nos sobra) por nuestra parte. Sin embargo,  la recompensa puede ser muy grande: fortalecer la autoestima de un alumno/a (o varios afectados), mejorar la convivencia en clase, conseguir una mayor concentración y calma en el aula facilitando la impartición de las asignaturas y mejorando el rendimiento académico… por no hablar del impacto en la vida futura de ese alumno/a y las personas que se relacionen con él/ella. ¡Merece la pena intentarlo!

Y, ¿qué pasos puedes dar para educar con empatía cuando hay malas conductas?

  1. Cálmate: En primer lugar, es esencial que pares, te calmes y te des cuenta de cómo te sientes tú y cómo reaccionas, cómo tratas al alumno en cuestión cuando tiene la conducta disruptiva de falta de respeto.
  2. Prepara tu actitud: De ella dependerá tu capacidad de influir o no en el alumno/a.
  • Define tu Motivación: Conecta con una motivación constructiva. Más allá de regañar al alumno o hacerle ver lo que está haciendo mal, pregúntate: ¿Cómo se siente el alumno/a con sus compañeros, en su familia, en clase?; ¿Qué valor necesita aprender?, y ¿Cómo puedes ayudarle tú a lograrlo?
  • Confía: Si tu alumno percibe desconfianza por tu parte, si percibe que no le valoras o no crees en su capacidad de mejora, se cerrará en banda y no se esforzará por cambiar.
  • Conecta: Comienza la conversación transmitiendo tu sincero interés por ayudarle, demuéstrale que te importa y hazle preguntas abiertas con afecto para tratar de descubrir las causas de su conducta, sus sentimientos y necesidades: “¿Qué ha ocurrido?”, “¿Cómo te has sentido?” ¿Cómo has reaccionado? ¿Qué te ha llevado a actuar así? ¿Qué querías lograr? ¿Qué necesitas?”
  • Escucha y observa: Con los 5 sentidos, sin interrumpir, mirándole a los ojos, escucha sus palabras, observa su tono de voz, sus gestos, su mirada, sus movimientos, lo que dice y lo que no dice… Dale su tiempo antes de intervenir. Evita juzgar o interrumpir.
  • Empatiza: Demuéstrale respeto y comprensión hacia su perspectiva y sus emociones, sin trivializar o deslegitimar su sentir: “entiendo que te hayas sentido así ante la situación de…”. Antes de hablarle de su conducta, dedica un tiempo a validar sus sentimientos y demostrar comprensión.
  • Redirige y muestra tu apoyo: Una vez que has demostrado comprensión por sus sentimientos y su punto de vista, será más probable que el alumno/a escuche y se abra a otra perspectiva. Ahora es el momento para reforzar el valor o la virtud que quieres desarrollar (respeto, responsabilidad…). En vez de regañar y “sermonear”:
  • Eleva su nivel de conciencia respecto a las consecuencias de su conducta: “lo que haces te ayuda a conseguir realmente lo que necesitas, te acerca o te aleja? ¿tu crees que estás actuando con “respeto/responsabilidad…”? “¿qué consecuencias tiene para ti y para los demás?”. Si no ve las consecuencias de sus actos, explícaselas con calma para ampliar su perspectiva, describiendo hechos y conductas (evitando etiquetar).
  • Fomenta su responsabilidad:
    1. preguntándole si quiere solucionar la situación. “¿Quieres mantener esta situación o hacer algo para mejorarla? ¿cómo quieres comportarte… con respeto/responsabilidad o seguir haciendo lo mismo? si no quiere, ayúdale a ver lo que supondría no cambiar su actitud, “¿qué crees que puede pasar si se mantiene esta situación?”)
    2. Refuerza el valor que quieres trabajar y ayúdale a identificar qué puede hacer para actuar desde ese valor: “¿Qué puedes hacer tú, que esté en tu mano, para comportarte con “respeto, responsabilidad…” (el valor que quieras reforzar)? ¿Qué conductas puedes cambiar?
  • Pídele su compromiso, un objetivo concreto: “Entonces, ¿a qué te comprometes? ¿Qué vas a hacer a partir de ahora?”
  • Ofrécele tu apoyo para que logre cumplir su compromiso: “¿Qué puedo hacer yo para ayudarte a cumplir tu compromiso? ¿Qué te parece si …?”
  • Llega a un acuerdo sobre las consecuencias en caso de no cumplir su compromiso: “¿Qué pasa si no cumples el acuerdo? ¿Qué consecuencia podríamos aplicar que te parezca justa?”
  • Pídele que recapitule: “Entonces, ¿A qué acuerdo hemos llegado en esta conversación?”
  • Reconócele su esfuerzo por mejorar y demuéstrale tu confianza y tu apoyo: “Valoro mucho tu compromiso y confío en ti, estoy convencid@ de que te vas a esforzar por conseguirlo. Yo estoy aquí para ayudarte. Ánimo”.

Por último, haz seguimiento y gestiona tus expectativas: Los cambios no se consiguen de la noche a la mañana. Llevan tiempo. Valora cada pequeño avance, y si “tropieza de nuevo” (que será probable), persevera y toma perspectiva de su evolución: ¿está reduciendo la frecuencia o la intensidad de su conducta disruptiva? Si es así, felicítate y felicítale! Si no es así, habla y busca otra estrategia.

 

Claves para ser un buen ‘mediador’ en los conflictos

Texto: Carmen García de Leaniz

Adoptar un  “rol de mediador” ante los conflictos de nuestros alumnos es lo más efectivo para favorecer la buena convivencia y desarrollar su autonomía para resolver problemas, al tiempo que fortalecerás su autoestima.  Para potenciar tu rol de “docente mediador”, te recomendamos:

  1. En primer lugar, recuerda a tus alumnos los 5 pasos claves (de la mano) para resolver los conflictos  y pídeles que se comprometan a seguir estos pasos cada vez que tengan un conflicto.

  2. Deja en un lugar visible del aula los 5 pasos, para que puedan seguirlos cuando lo necesiten.

  3. Cuando necesiten tu ayuda, es importante que tengas en cuenta los siguientes consejos:

    • Antes de empezar a mediar, asegúrate de estar en calma y pregúntales: “Queréis resolver el conflicto? ¿Queréis solucionarlo?” Si alguna de las partes dice que no, entonces, es mejor que, antes de ponerles a hablar, ayudes al que no quiere solucionarlo a reflexionar sobre las consecuencias de mantener la situación y los posibles beneficios de resolver el conflicto.

    • Durante el proceso, es importante que seas un facilitador, no un juez que decida cómo resolver el conflicto. Para ello es esencial que les recuerdes que NO estás ahí para que te cuenten a ti lo sucedido, sino para facilitar que hablen entre ellos y busquen soluciones buenas para ambos.

    • Por lo tanto, NO es recomendable que te posiciones entre los dos alumnos sino detrás del que esté hablando, para evitar que se dirijan a ti, en vez de al compañero.

    • Pídeles que hablen por turnos y, si ves que al hablar, se empiezan a expresar de forma poco respetuosa, recuérdales la fórmula asertiva, invitándoles a que se digan el uno al otro, qué ha ocurrido, qué le ha molestado y qué quiere pedirle a su compañero para solucionarlo

    • antes de buscar soluciones, pídeles que se demuestren uno al otro que se han escuchado diciéndose: “he entendido que te has sentido…. Cuando… y que me estás pidiendo que…”

    • Si, antes de demostrarse escucha y comprensión, empiezan a justificarse, pídeles que demuestren que se han escuchado y que se repitan el uno al otro lo que han entendido que le molesta al otro y lo que le está pidiendo para solucionarlo.

    • Por último, al llegar a un acuerdo, es importante que se comprometan uno con otro expresando lo que SÍ van a hacer, en vez de expresando lo que van a dejar de hacer. Es decir, en vez de decir “me comprometo a NO volverte a pegar”, me comprometo a “hablar y decirte lo que me molesta en vez de pegarte o gritarte”.

Recuerda, cada conflicto es una valiosa oportunidad para trabajar la comunicación asertiva, la escucha y la empatía en nuestros alumnos. Ayúdales a ser autónomos y a relacionarse con respeto.